Las estrellas empezaban a desaparecer, al mismo tiempo que también lo hacía el cielo hacia un color anaranjado; Los primeros rayos del día pincelaban el horizonte. La lluvia al fin había cesado, debido al temporal los senderos se
habían vuelto engorrosos a la hora de transitar. En la intersección
de uno de los caminos, dos sombras se separaban, mientras uno
ascendía el otro proseguía recto.
Entre los árboles y con vistas a una gran
ciudad, un antiguo guerrero descansaba. Debido a las últimas lluvias,
se podía apreciar como las gotas caían de las ramas lentamente. De la vegetación adyacente a la tumba se podían apreciar numerosas
flores, algunas que ya habían florecido y otras que en breve
lo harían. El tiempo no pasó en balde para este lugar; el moho
acompañaba gran parte de la estructura de piedra, algo congelado
debido a el frío de la mañana.