- Señora... ¿Señora?
Un leve zarandeo la devolvió al mundo de los despiertos, con un notorio deje de queja en el ruido que soltó por su boca. En cuanto notó qué ocurría, se enderezó rápidamente y notó una sacudida en el brazo izquierdo, que se le había quedado dormido de haber estado apoyada en él. Se fijó con el ceño fruncido en la persona que había interrumpido su sueño. Se trataba de un miembro del personal del tren; un joven de pelo corto, piel pulcra y con una sonrisa tensa al darse cuenta de que aquella mujer estaba con fuego en su mirada.
- ¿Desea comer algo, señora?
- ¿¡Para eso me despiertas!? ¿¡Y qué es eso de 'señora'!? -. Con aquel sonoro grito, llamó la atención del resto de pasajeros, que se giraron y asomaron por encima de sus asientos para ver de dónde venía el alboroto.
- Per... perdón... ¿seño...rita?
- No quiero comer nada. Y no vuelvas a despertar a alguien para eso o procuraré que pierdas tu trabajo.
- De... de acuerdo. Lo siento, seño... rita.





