29 dic 2025

Sesión 246 del 2.0 NG

La sesión comienza con el grupo en el Bastión Alzamar después de la llegada de la Orden de Acero, que provocó que finalmente no iniciasen la operación contra la flota, que ahora se encontraba luchando contra la base aérea que había venido a socorrer la isla de Veirmith. Debido a eso, estuvieron durante una hora aproximadamente asegurando el Bastión Alzamar para los civiles cercanos, atendiendo sus heridas y alimentándolos. La Alta Pontífice Amaila se estaba encargando de dirigir la isla, dando las órdenes pertinentes para socorrer al resto de supervivientes de los poblados de la isla. 


Los Guardianes Fénix Unicornios estaban hablando sobre qué hacer a continuación, habiendo un solo objetivo en el horizonte, que era el de ir hacia el origen del humo en el islote sur cerca de Veirmith. Kaelinth aseguró que no había emplazamientos de los Alzamar más allá de la isla principal, así como que también no había ningún campamento de la Corte del Velo Nocturno. Descartando, por tanto, que pudiesen ser posibles supervivientes de Veirmith, Jhin encargó al grupo que se encargasen de investigarlo y formasen los grupos acordes para ello, mientras que él iba a ir hacia el fuerte volador de la Orden de Acero para hablar con Reika sobre su llegada a Veirmith.

Pero antes de partir Amaila les hizo saber que tenían acceso a las habitaciones del Bastión Alzamar para que descansasen cuanto quisiesen, así como a comida y toda clase de necesidades que pudiesen requerir. El grupo aceptó descansar antes de partir, pero Amaila les comentó sobre la espada de Sirandrae, con la cual sigue en proceso de purificarla. Había estado pensando en el valor de conservar una reliquia así, ya que si no hubiesen sido salvados esa reliquia se habría perdido en la oscuridad, así que no tiene sentido querer conservarla en lugar de dársela a un grupo salvador que pudiese usarla en un futuro para llevar la luz a más lugares que lo necesitasen. No solamente ofreció dicha espada sino que puso a su disposición el resto de reliquias mágicas de la isla de Veirmith para que eligiesen uno. El grupo, tras debatir sobre qué arma podría venirles mejor, dejaron la decisión final para dentro de unas horas, cuando hubiesen investigado el humo.

Fueron a descansar, aprovechando para ducharse, cambiarse de ropa y comer algo. Además, David y Ellie desataron su pasión con sus respectivas parejas, después de un par de días de tensión constante luchando contra la muerte y la sangre. David aprovechó el resto del rato de descanso para explorar el Bastión, descubriendo el patio donde habían dejado las crisálidas de los vampiros que iban a ser ascendidos en la organización. Mientras tanto, Ellie descubría cómo la propuesta de Zeryen de poder hacer una de las actividades que había preparado para el viaje estaban, en efecto, pensadas para hacerlas en el barco, así que tras unos cuantos intentos desistieron y lo dejaron para cuando partiesen de la isla. 

Posteriormente hablaron con Kaelinth, al cual reprendieron continuamente por su actitud y su falta de amor, especialmente, hacia sí mismo. Le habían perdonado la vida y eso le dio una lección a la mismísima Amaila, quien había pensado en, como líder en funciones de la isla, sentenciar a muerte al traidor que había traído la desolación a su pueblo, pero en su lugar le confío el destino de Kaelinth a los Guardianes Fénix Unicornios. Zeryen propuso llevárselo en el barco para buscar la forma de revivirlo de su vampirismo y así, como humano de nuevo, pueda cumplir su condena en Veirmith y que así, algún día, pudiese llegar a encontrar una razón por la que vivir.

Con aquello decidido, el grupo partió en Lucía en su forma dracónica hacia la ubicación del humo, al sur. Al aterrizar y buscar durante horas el lugar del que provenía exactamente, ya que no podían guiarse por la vista por estar invisible, se detuvieron a comer algo cuando llegó el mediodía. Durante aquella pausa, Nayru propuso llevar finalmente a Elisabeth hacia las Islas del Hierro cuando fuesen hacia allí, algo que apoyó Lucía. No obstante, el resto del grupo se mantuvo férreo al plan que establecieron e irían hacia allí los que estaban ahora.

Tras descansar se pusieron manos a la obra y durante una hora más estuvieron investigando el terreno hasta que finalmente descubrieron una cueva con un suelo muy aplanado. Al adentrarse en ella llegó un momento en el que más que una cueva parecía un túnel excavado y al interactuar con el hechizo de invisibilidad que mantenía oculta la verdad del lugar, pudieron ver una base instalada en el subsuelo de la montaña del islote. Tenían ante sí una base de operaciones de un viejo 'amigo' de ellos, Heisenberg.

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